Cada una de las piezas presenta un dial guilloché a mano con una interpretación artística del signo zodiacal correspondiente y su constelación asociada, cuyos astros principales están indicados mediante diamantes engastados. Las esferas, ejecutadas en un azul profundo con matices solares, están alojadas en una caja de oro blanco de 18 quilates y realzadas por un bisel engastado con 96 zafiros baguette. Más allá del virtuosismo visual, cada reloj late con el calibre de manufactura 2160: un movimiento automático ultraplano con tourbillon, desarrollado internamente y dotado de una reserva de marcha de 80 horas.
Una manifestación de las artes relojeras
El verdadero protagonista de la serie es el trabajo artesanal. Lejos de los motivos abstractos tradicionales del guilloché clásico, los maestros guillocheurs de Vacheron han creado figuras completas —Géminis, Sagitario, Acuario o Virgo entre ellas— a base de microtriángulos grabados uno a uno, cada uno con una orientación distinta. El resultado: una textura viva, que genera volumen y profundidad. Sólo el grabado de un signo requiere más de 16 horas de trabajo manual.

A ello se suma el minucioso proceso de construcción del dial, que involucra hasta ocho etapas sucesivas, desde el grabado inicial hasta la aplicación de la laca azul, la apertura del tourbillon, el esmaltado, el engaste y los toques finales. El engaste de los zafiros, por su parte, se realiza mediante técnica de canal invisible, logrando que parezcan flotar alrededor del reloj en un anillo de luz azul sin interrupciones.
Un calibre que no interrumpe la contemplación
La estética no sacrifica funcionalidad. En el corazón de la serie, el calibre 2160, con tourbillon visible a las seis, mantiene una arquitectura ultrafina (5,65 mm) que permite una silueta elegante y un uso cómodo, incluso para una pieza de Alta Complicación. El rotor periférico en oro de 22 quilates permite una visión completa del movimiento, finamente decorado con Côtes de Genève, ángulos pulidos a mano, tornillos biselados y ruedas granalladas.
Cada pieza ostenta el Poinçon de Genève, la certificación de más alto nivel que garantiza no solo precisión, sino también el acabado manual de todos los componentes funcionales y decorativos.

Una lectura simbólica
La relación entre relojería y astronomía es tan antigua como la propia medición del tiempo. Esta colección no sólo rinde homenaje al cielo nocturno, sino que recupera la carga simbólica que las constelaciones han tenido a lo largo de la historia: desde los registros babilónicos y egipcios hasta la mitología grecorromana y las tradiciones chinas o amerindias. En la elección de representar los doce signos zodiacales, Vacheron Constantin conecta con esa tradición, y recupera el tiempo como símbolo, no sólo como mecanismo.
No es la primera vez que la firma se inspira en el cosmos. Ya en 1927 colaboró con Verger Frères en un reloj de mesa art déco con signos del zodiaco; en 1996 lanzó una edición dedicada al zodiaco chino; y más recientemente ha integrado estas referencias en piezas únicas como Les Cabinotiers Astronomica, el colosal Reference 57260 o el Berkley Grand Complication de 2024.

Más allá del objeto: patrimonio cultural en clave contemporánea
La serie Métiers d’Art Tribute to The Celestial no está concebida como una simple edición temática, sino como un testamento del savoir-faire de la maison y una meditación sobre el vínculo entre tiempo, naturaleza y creencia. En un contexto donde las colaboraciones efímeras y las series de marketing abundan, esta colección propone otra idea de lo exclusivo: una obra que no se limita a sorprender, sino que aspira a perdurar, recogiendo herencias visuales, técnicas y simbólicas para proyectarlas en un objeto del presente.
A la espera de su distribución entre coleccionistas e iniciados, Métiers d’Art Tribute to The Celestial se posiciona como una de las propuestas más refinadas del año: una edición que desafía la frontera entre lo utilitario y lo poético, entre lo técnico y lo espiritual.
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