La reedición, limitada a 188 unidades, ha sido desarrollada íntegramente en La Fabrique du Temps Louis Vuitton, el taller ginebrino que el grupo adquirió en 2011 para consolidar su presencia en alta relojería. El nuevo Monterey se presenta en oro amarillo con esfera de esmalte blanco Grand Feu, y sustituye el antiguo movimiento de cuarzo por un calibre mecánico de manufactura propia, el LFTMA01.02, con 45 horas de reserva de marcha.

El diseño conserva la silueta sin asas y la corona situada a las 12, una disposición poco habitual que refuerza su identidad escultórica. La caja, pulida en un solo volumen, sigue la idea original de Aulenti: un reloj concebido más como objeto arquitectónico que como pieza tradicional suiza. El resultado es una reinterpretación fiel al original, pero con un nivel de ejecución que refleja la evolución técnica de la firma desde entonces.
Rompiendo las reglas
Cuando Aulenti diseñó el Monterey I y II, Louis Vuitton apenas daba sus primeros pasos en el mundo de la relojería. La arquitecta, conocida por transformar la Gare d’Orsay en el actual Musée d’Orsay, llevó al extremo la idea de un reloj de viaje moderno: líneas limpias, geometría pura y una funcionalidad pensada para quienes cruzaban fronteras con frecuencia. En aquel contexto, el Monterey fue una anomalía. Su lug-less case, su disposición central y su espíritu lúdico lo alejaban del canon suizo, anticipando la actual fusión entre diseño y artesanía que define a muchas marcas de lujo.

La reedición de 2025 no responde solo a una operación de nostalgia, sino a una declaración de madurez. Louis Vuitton ya no necesita apoyarse en colaboraciones técnicas —como la que mantuvo en los 80 con IWC Schaffhausen— para materializar ideas complejas. La integración de sus procesos de diseño, esmaltado y montaje en La Fabrique du Temps demuestra que la maison se ha convertido en una manufactura relojera plena.

El regreso del Monterey coincide, además, con un momento de revalorización de los relojes de diseño de los años ochenta, una década que hoy se mira con nuevos ojos por su atrevimiento formal. Las pocas unidades originales del Monterey que han aparecido en subastas en los últimos años se cotizan por su rareza y su autoría, más que por su mecanismo.
Con esta reedición, Louis Vuitton no busca reproducir un mito, sino reivindicar una idea: que un reloj puede ser, ante todo, una pieza de arquitectura portátil.
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