Breguet Classique Tourbillon Sidéral 7255

Breguet crea el primer tourbillon volante de su historia

Desde que Breguet inauguró la celebración de su 250 aniversario a principios de 2025, los iniciados intuían que algo extraordinario estaba en marcha. La firma fundada por Abraham-Louis Breguet —el hombre que en 1801 cambió para siempre la relojería con la invención del tourbillon— no podía dejar pasar esta efeméride sin rendir tributo a su invención más célebre. La espera concluyó el pasado 26 de junio, fecha exacta en la que se cumplieron 224 años de la patente original del tourbillon, con la presentación del Classique Tourbillon Sidéral 7255, una pieza de asombrosa complejidad mecánica y lirismo astronómico.

El Sidéral 7255 no es solo el primer tourbillon volante en la historia de Breguet. Es también una creación profundamente simbólica, técnica y visualmente orquestada para situar al tourbillon en el centro del universo mecánico de la casa. En este modelo, el tourbillon no solo es rey: es el astro rector, y todo el reloj orbita a su alrededor.

En un tourbillon volante, la jaula gira libremente sujeta solo por debajo, sin puente superior. Esto, en apariencia, le otorga una suspensión aérea. En la práctica, exige una ingeniería de altísima precisión para lograr equilibrio, robustez y estabilidad. En el Classique Tourbillon Sidéral 7255, este efecto se multiplica por la incorporación de una complicación misteriosa, donde los mecanismos que permiten el giro están hábilmente ocultos a la vista.

La jaula del tourbillon sobresale hasta 7 mm sobre el movimiento, elevándose 2,2 mm por encima de la platina, 0,9 mm sobre la esfera y 0,25 mm más allá de la propia aguja de los minutos. El resultado es un microteatro mecánico donde el tourbillon gira en una especie de vacío visual, sin conexión aparente con el resto del calibre. Esto se logra mediante el uso de componentes de zafiro invisibles, tratados con revestimientos antirreflejos y posicionados fuera del campo visual. El punto de contacto con los engranajes está desplazado bajo la esfera, añadiendo un grado adicional de misticismo técnico.

Un tourbillon en clave cósmica

La parte inferior de la esfera introduce otra novedad: una carta celeste giratoria que muestra el cielo desde la perspectiva heliocéntrica, marcada por el tiempo sideral, que no es otra cosa que la rotación real de la Tierra respecto a las estrellas fijas (23 h, 56 min, 4 s). Este módulo puede personalizarse según el lugar y fecha de nacimiento del propietario, y representa un gesto de intimidad y legado.

Breguet Classique Tourbillon Sidéral 7255

Todo esto se organiza sobre una esfera de esmalte de aventurina sobre base de oro, la primera jamás realizada por Breguet. Esta técnica —que data del siglo XVII— añade partículas de cobre al esmalte para generar destellos que evocan un cielo estrellado. El proceso, ejecutado al estilo grand feu, implica sucesivas cocciones a más de 800 °C y un pulido manual que requiere una mano maestra.

Una celebración en cuatro actos

El Sidéral 7255 constituye el cuarto capítulo del aniversario de Breguet, tras el Classique Souscription 2025, el Tradition Seconde Rétrograde 7035 y dos nuevas versiones del Type XX Chronographe 2075. En todas ellas se percibe claramente la dirección que Gregory Kissling, CEO de la maison desde octubre de 2024, ha impreso en esta nueva etapa. Bajo su mandato, han debutado innovaciones como el oro Breguet —una aleación propia con paladio— y el motivo guilloché Quai de l’Horloge, que homenajea la ubicación histórica del taller parisino de Breguet.

En el Sidéral 7255, ambos elementos reaparecen: la caja de 38 mm está realizada en oro Breguet, cálido y estable, mientras que el fondo abierto revela un calibre 187M1 bellamente decorado con el guilloché Quai de l’Horloge, por primera vez ejecutado de forma lineal y circular en la misma platina. El movimiento, de cuerda manual y 2,5 Hz, ofrece 50 horas de reserva de marcha.

Un linaje reinterpretado

Este nuevo tourbillon se inspira, según Kissling, en una pieza muy concreta: el primer reloj de pulsera con tourbillon de Breguet, el ref. 3350 de 1990. «Esta novedad es una oda al tourbillon —afirma— en la que la indicación del tiempo pasa casi a un segundo plano». Es una declaración reveladora: en una industria dominada por la lectura funcional, Breguet opta aquí por una experiencia más contemplativa, casi filosófica.

Breguet Classique Tourbillon Sidéral 7255

Los detalles, como siempre, son esenciales: agujas “pomme évidée” azuladas, anillo horario aplicado, leyendas en oro Breguet, cuernos rectos y carrura estriada. No falta la firma secreta ni la elegancia mesurada de los grandes clásicos.

Limitado a solo 50 ejemplares, el Breguet Classique Tourbillon Sidéral 7255 no busca ocupar vitrinas de boutiques ni alimentar campañas de marketing. Es una pieza para aquellos que entienden el valor del tiempo más allá de su medida. Una cápsula de historia, técnica y astronomía, orquestada para honrar no solo a un inventor, sino a una idea: la de que la relojería puede ser una forma de comprender el universo.

En su 250 aniversario, Breguet no se mira al espejo: mira al cielo. Y nos invita a hacer lo mismo.

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