Situado en el corazón del barrio de Chamberí, en lo que fuera el antiguo palacio del duque de Santo Mauro, el establecimiento ha sabido preservar la esencia aristocrática de su arquitectura original, reinterpretándola con una mirada actual y serena. El interiorismo, firmado por Lorenzo Castillo, no busca impresionar, sino acompañar. Cada salón, cada textura, cada silencio, responde a una lógica de refinamiento no ostentoso. Como señala el jurado de la publicación: “El hotel Santo Mauro ha conseguido aparecer en la lista de paradas imprescindibles de Madrid. Es lógico teniendo en cuenta que estamos ante un palacio del siglo pasado que ahora presume de ser un referente de la alta hotelería en España.”
La propuesta gastronómica, a cargo de Rafa Peña, aporta una lectura contemporánea del clasicismo, sin caer en el artificio ni en la nostalgia. Cocina precisa, atenta al contexto y al momento, servida con la sobriedad que requiere el lugar. Para el jurado, “da una vuelta de tuerca al clasicismo”, y completa una experiencia que no busca satisfacer todos los sentidos a la vez, sino afinar uno a uno con discreción.
Pero si hay un elemento que convierte al Santo Mauro en algo más que un buen hotel, es su jardín. Un espacio cerrado al ritmo de la ciudad, diseñado por el paisajista Fernando Valero, que funciona como remanso, como contrapunto, como joya. Así lo expresa el propio jurado: “Podríamos dar infinitos argumentos que sitúan al Santo Mauro, no solo como un icono de Madrid, sino un emblema del lujo, pero todas las explicaciones nos conducen a una prueba final: un jardín privado que se alza como la joya de la corona.”
La celebración del premio coincidió, unos días más tarde, con la celebración del Día de la Música, en una jornada organizada por Madrid Luxury District y la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Como colofón, el Santo Mauro acogió un concierto clásico en sus jardines, seguido de un aperitivo privado. Una escena que resume bien la naturaleza del lugar: elegante, íntima, perfectamente coreografiada.
Este reconocimiento no premia una moda. Premia una actitud. La de quienes entienden que el lujo no consiste en añadir, sino en saber qué conservar. Y cómo hacerlo vivir, sin estridencias, en cada detalle. En eso, Santo Mauro ya no es una referencia madrileña. Es, sencillamente, un estándar.
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