La colección lanzada con motivo del US Open incluye cinco piezas esenciales: polo, camiseta, chaqueta, pantalón y gorra, todas con el nuevo símbolo bordado. La presentación se realizó en la flagship store de Lacoste en la Quinta Avenida de Nueva York, donde el propio Djokovic reveló la línea. Thierry Guibert, CEO de la compañía, destacó el valor simbólico de esta metamorfosis: transformar el cocodrilo en una cabra era, en sus palabras, “la decisión natural” para rendir tributo al jugador. El lugar elegido tampoco es casual: fue en Nueva York donde René Lacoste alcanzó fama internacional y donde el polo con el reptil bordado comenzó a convertirse en un icono cultural.
Cerca del público
La narrativa de la campaña ha sabido implicar al público de forma emocional. Lacoste recuperó antiguos tuits de seguidores que ya llamaban a Djokovic “GOAT” hace más de una década y les envió piezas exclusivas de la colección, integrando incluso a algunos de ellos en el vídeo de lanzamiento. Con ello, la marca refuerza la conexión entre Djokovic, la comunidad de fans y la herencia de la firma, trasladando a su terreno los códigos de autenticidad y pertenencia que dominan hoy la conversación digital.

La transformación del logo no debe interpretarse como un rebranding, sino como una pausa narrativa, un guiño que no diluye la identidad original. Desde que Djokovic se unió a Lacoste ha conquistado doce de sus veinticuatro Grand Slams, y el título de GOAT funciona como un reconocimiento no solo a su palmarés, sino también a valores como la perseverancia, la mentalidad competitiva y la disciplina. Son precisamente estos rasgos los que la maison busca asociar a su emblema.
El escenario y el momento elegidos refuerzan además la ambición de Lacoste en el mercado estadounidense. Con nuevas aperturas en curso y una apuesta cada vez más clara por el posicionamiento premium, la marca se sirve de esta campaña como plataforma de expansión cultural y comercial.

La sustitución del cocodrilo por la cabra es, sin embargo, temporal. Solo durará lo que dure la colección cápsula, lo que convierte a estas piezas en objetos de deseo de edición limitada. Es un gesto calculado: renovar el mito sin perderlo, reforzar la herencia sin fossilizarla. Lacoste juega con el tiempo y con los símbolos, consciente de que la grandeza —en el deporte como en la moda— también se mide en la capacidad de reinventarse sin dejar de ser uno mismo.
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