Los cinco grandes riesgos que marcarán el sector de la moda en 2026

Los cinco grandes riesgos que marcarán el sector de la moda en 2026

El sector global de la moda llega a 2026 con el freno echado. Tras un 2025 irregular, marcado por la desaceleración del consumo y la persistente incertidumbre macroeconómica, el último informe The State of Fashion 2026, elaborado por McKinsey & Company en colaboración con The Business of Fashion, anticipa un ejercicio de crecimiento débil, mayor presión competitiva y un escenario en el que solo las compañías mejor preparadas podrán sostener márgenes y relevancia.

El estudio, basado en proyecciones económicas y en una encuesta global a ejecutivos de la industria, identifica cinco riesgos que ya están condicionando las decisiones estratégicas de las marcas. Y aunque la fotografía es global, sus implicaciones son especialmente relevantes para la moda europea y el lujo, categorías donde la competencia es más intensa y los costes de ineficiencia resultan más caros.

#1 El consumidor aprieta el bolsillo

La confianza del consumidor se ha convertido en el principal factor de riesgo para el sector. Con el crecimiento previsto para 2026 moviéndose en cifras de un dígito bajo, McKinsey advierte de que el consumidor está gastando menos, comparando más y exigiendo un valor añadido claro. La moda —y especialmente el lujo accesible— entra así en una etapa donde no basta con tener producto: hay que justificarlo.

Las marcas afrontan dos riesgos simultáneos: pérdida de volumen y erosión de márgenes si recurren de forma sistemática a descuentos para defender visibilidad y demanda. Para McKinsey, la respuesta debe pasar por reforzar la relación directa con el cliente, elevar la propuesta de valor (tanto en producto como en servicio y experiencia) y optimizar la distribución para evitar depender de promociones permanentes.

#2 Inestabilidad geopolítica

Según el informe, los ejecutivos sitúan la inestabilidad geopolítica entre las amenazas más serias. Y no es casual: los últimos años han demostrado que un conflicto, una guerra comercial o unos aranceles modificados pueden alterar ventas, costes, aprovisionamiento y rentabilidad en cuestión de semanas.

Para la industria del lujo, muy dependiente de mercados como China, Estados Unidos, Japón o Europa, se trata de un riesgo sistémico. Las compañías deberán desplegar estrategias de mayor diversificación geográfica, revisar estructuras de fabricación y logística para reducir exposición y mantener flexibilidad financiera suficiente como para pivotar ante escenarios abruptos.

#3 La sostenibilidad pierde protagonismo

Un dato significativo del informe: mientras hace un año el 29% de los ejecutivos consideraba la sostenibilidad como un riesgo estratégico, en 2026 solo el 18% lo mantiene en la misma escala. Sin embargo, esta menor prioridad contrasta con otro hecho clave: buena parte de las empresas están lejos de cumplir los objetivos de descarbonización comprometidos para 2030.

El riesgo, por tanto, es doble. El primero, reputacional: una parte creciente del consumidor —especialmente el europeo— ya penaliza la falta de consistencia entre discurso y acción. El segundo, regulatorio: Bruselas avanza decidida hacia normativas que obligarán a garantizar trazabilidad, medición de impacto y reducción real de emisiones.

Para McKinsey, las compañías que consigan invertir en programas realistas, medibles y financieramente sostenibles serán las que logren transformar la sostenibilidad en una ventaja competitiva, no en un coste.

#4 IA: todos quieren adoptarla, pocos están preparados

Si 2023 y 2024 fueron los años del entusiasmo, 2025 será el de la criba. El informe muestra que la inteligencia artificial se ha convertido en prioridad para la industria, especialmente en tres áreas: previsión de demanda, optimización de inventarios y personalización del marketing.

Sin embargo, McKinsey subraya un problema: muchas marcas siguen aplicando IA como piloto y no como transformación real. A ello se suma un mercado digital saturado donde los consumidores muestran cansancio frente a la búsqueda online tradicional y esperan nuevas formas de descubrimiento y recomendación.

La conclusión es clara: disponer de IA ya no basta. El reto pasa por integrarla operativamente, atraer talento especializado y utilizarla también como herramienta creativa y narrativa, no solo como un “motor de hoja de cálculo”.

#5 El resale amenaza el modelo tradicional

El mercado de segunda mano deja oficialmente de ser una tendencia y se consolida como un canal estructural. Para McKinsey, el impacto sobre el sector es directo: una parte del gasto que antes iba a producto nuevo migra ahora a plataformas de reventa, cada vez más sofisticadas y profesionalizadas.

Si las marcas no participan, pierden control de marca, precio, datos e incluso relación con el cliente final. Si sí entran, pueden convertirlo en una vía para reforzar márgenes, fidelizar y ordenar mejor el ciclo de vida del inventario. El informe insiste en que las compañías que mejor integren ese nuevo canal —propio o en alianza— podrán defender valor sin saturar el mercado con sobreproducción.

Un 2025 para quienes sepan jugar a largo plazo

El mensaje de McKinsey es nítido: 2025 no será un año de viento a favor. Será un ejercicio de tensión operativa, mayor selectividad del consumidor, presión regulatoria y necesidad real de transformación tecnológica.

Pero también será un año de consolidación: las marcas que logren integrar eficiencia, consistencia estratégica y claridad de propuesta podrán salir reforzadas. Aquellas que sigan confiando en que el mercado se arreglará solo corren el riesgo de quedarse fuera del ciclo que viene.

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