El acuerdo, anunciado por Prada en abril, asciende a 1.250 millones de euros y supone la compra del 100 % de Versace, hasta ahora propiedad del grupo Capri Holdings. Con esta integración, nacerá un nuevo grupo de lujo de origen italiano en un contexto económico adverso para el sector.
Patrizio Bertelli, presidente y consejero delegado de Prada, subraya que la incorporación de Versace se hará preservando su identidad propia. “Nuestro objetivo es continuar el legado de Versace, celebrando y reinterpretando su estética audaz y atemporal; al mismo tiempo, le brindaremos una plataforma sólida, reforzada por años de inversión continua y arraigada en relaciones duraderas”.
A la baja
La operación pone fin a varios meses de negociaciones que arrancaron con una valoración superior a los 3.000 millones de euros. El ajuste progresivo del precio dejó finalmente la transacción en los 1.250 millones autorizados ahora por Bruselas, por debajo de los 1.830 millones que Capri Holdings había pagado en 2018.
Fundada en 1978 en Milán por Gianni Versace, la firma es uno de los símbolos más reconocibles del lujo italiano, caracterizada por su estética opulenta y su influencia global en moda y cultura. Prada, también nacida en la capital lombarda, busca con esta adquisición reforzar su posición en un sector cada vez más concentrado, donde la escala y la capacidad de inversión marcan la diferencia.
Con el visto bueno comunitario, el grupo resultante se perfila como un nuevo polo del lujo italiano, obligado a conjugar tradición creativa con las exigencias de un mercado global en transformación.
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